Published On: 29 de mayo de 2026365 words1,8 min read

Evangelio

Al ver a las multitudes, subió al monte; se sentó, y se le acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados serán ustedes cuando los injurien, los persigan y, mintiendo, digan contra ustedes toda clase de mal por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque grande es su recompensa en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes.

Reflexión

Jesús sube al monte y, como nuevo Moisés, proclama las bienaventuranzas. No son simples consejos, sino el retrato del discípulo. En un mundo que busca la felicidad en el tener, el poder y el placer, el Señor propone un camino contracultural: la pobreza de espíritu, la mansedumbre, el hambre de justicia. Estas actitudes no son debilidad; son fortaleza en Dios. La bienaventuranza es una promesa de Reino para quienes confían plenamente en el Padre. En Japón, donde la presión social y el trabajo exigen perfección y éxito, la invitación a ser ‘pobres de espíritu’ puede sonar extraña. Sin embargo, muchos japoneses experimentan un vacío interior que solo se llena con Dios. La cultura japonesa valora la armonía, pero a veces sacrifica la verdad. Las bienaventuranzas llaman a ser mansos, pero también a buscar la justicia. Ser discípulo en Japón implica vivir con autenticidad, siendo luz en medio de una sociedad que a menudo ignora a Dios. Hoy, elige una bienaventuranza y practícala concretamente: sonríe a quien te molesta, ayuna de palabras hirientes, ora por un perseguidor. El Reino ya está cerca.

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