Evangelio
No piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. En verdad les digo: mientras no pasen el cielo y la tierra, ni una iota ni un tilde pasarán de la Ley, hasta que todo se cumpla. Por tanto, quien quebrante uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe así a los hombres, será llamado el más pequeño en el Reino de los cielos; pero quien los cumpla y los enseñe, ése será llamado grande en el Reino de los cielos.
Reflexión
Jesús no viene a abolir, sino a dar cumplimiento. La Ley y los Profetas encuentran su plenitud en Él, que es la Palabra hecha carne. En nuestra vida cotidiana, a menudo vemos las normas como limitaciones, pero Cristo nos revela que cada mandamiento es una puerta hacia el amor divino. No se trata de un legalismo estéril, sino de una ley interior que transforma el corazón. Al cumplir los mandamientos con amor, nos hacemos grandes en el Reino de los cielos, porque obedecemos no por temor, sino por amor a Dios y al prójimo. En Japón, donde la tradición y el honor son fundamentales, a veces la observancia externa puede vaciarse de sentido. Jesús nos invita a redescubrir que Él es el cumplimiento de toda ley: no solo seguir reglas, sino vivir en comunión con Él. Los japoneses, con su profundo respeto por la armonía, pueden encontrar en Cristo la perfección del camino. Hoy, elige un mandamiento que cumples por rutina y ofrécelo a Dios con un acto consciente de amor. Así, transformarás la obligación en una oportunidad de encuentro con el Señor, que te llama a ser grande en su Reino.




