Evangelio
Presten atención: no practiquen su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre que está en el cielo. Por eso, cuando des limosna, no hagas tocar la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para ser honrados por los hombres. Amén, les digo: ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Y cuando oren, no sean como los hipócritas, que gustan de orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para ser vistos por los hombres. Amén, les digo: ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ayunen, no pongan cara triste como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan. Amén, les digo: ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea notorio a los hombres, sino a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Reflexión
En el ajetreo diario, a menudo buscamos la aprobación de los demás. Jesús nos invita a examinar nuestras motivaciones: ¿actuamos para Dios o para el aplauso humano? La limosna, la oración y el ayuno no son espectáculos, sino encuentros íntimos con el Padre.
La hipocresía denunciada por Cristo radica en buscar la recompensa terrena. El verdadero discípulo actúa en secreto, confiando en la mirada de Dios. La ‘recompensa’ divina no es material, sino la comunión plena con Él. En la cultura japonesa, el concepto de ‘必死に生きる’ (vivir con entrega) o la estética del ‘わびさび’ (wabi-sabi) valora lo humilde y lo oculto. En Japón, la caridad silenciosa es muy respetada; las obras de misericordia se realizan sin fanfarria, reflejando el Evangelio. Este ‘hacer el bien sin mirar a quién’ resuena con la enseñanza de Jesús: no dejar que la mano izquierda sepa lo que hace la derecha.
¿Cómo podemos vivir esta espiritualidad? Elige una obra de caridad esta semana y hazla anónimamente. Dedica 5 minutos diarios a la oración en silencio, cerrando la puerta a las distracciones. Al ayunar, ofrece el sacrificio por intenciones ocultas. Así, tu vida se convertirá en una ofrenda secreta que el Padre ve y recompensa.


