Evangelio
Subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. Y, de pronto, se desató en el mar una gran tempestad, tanto que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Sus discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: “Señor, sálvanos, que perecemos”. Él les dijo: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”. Entonces, poniéndose en pie, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres, admirados, decían: “¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?”.
Reflexión
Jesús duerme en la barca mientras la tempestad azota. Los discípulos, presas del pánico, lo despiertan: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Él, con serenidad, calma los vientos y el mar, y les reprende: ‘¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?’. En nuestra vida, las tormentas llegan: problemas económicos, enfermedades, conflictos. La fe no evita las pruebas, pero nos da paz en medio de ellas. Jesús nos invita a confiar en la Providencia divina, a descansar en Él aunque parezca dormido. Los santos protomártires nos enseñan que la fe auténtica vence el miedo y da testimonio incluso con la sangre. En Japón, tierra de terremotos y tifones, los católicos, minoría desde los tiempos de las persecuciones, han aprendido a mantener la esperanza en medio de las adversidades culturales y naturales. La Iglesia en Japón es un signo de que Cristo sigue calmando tempestades. Hoy, pidamos al Señor que aumente nuestra fe: que ante cualquier oleaje, acudamos a Él con confianza filial, sabiendo que su poder es mayor que cualquier tormenta. En la calma que Él regala, encontraremos la fuerza para seguir adelante.





