Published On: 1 de julio de 2026331 words1,7 min read

Evangelio

Y subiendo a una barca, pasó a la otra orilla y llegó a su ciudad. Y he aquí que le presentaron a un paralítico, tendido en una camilla. Y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralítico: «Ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados». Pero algunos escribas dijeron para sus adentros: «Este blasfema». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados» —dijo entonces al paralítico—: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Y él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

Reflexión

Jesús, al perdonar los pecados del paralítico, revela que el Reino de Dios no es solo curación física, sino sobre todo reconciliación con Dios. Los escribas acusan de blasfemia, pues solo Dios perdona. Pero Jesús, como Hijo del Hombre, ejerce esa autoridad divina. La parálisis del cuerpo es imagen de la parálisis del alma por el pecado. Jesús ve la fe de los que traen al enfermo y responde con el perdón, que es la verdadera sanación. En la cultura japonesa, el honor y la vergüenza son claves; el pecado se vive como una mancha que aísla. El perdón de Cristo, gratuito y total, rompe esas cadenas y restaura la comunión. Es un anuncio liberador: Dios no nos juzga, sino que nos acoge. Hoy, Jesús nos dice: ‘Ánimo, tus pecados te son perdonados’. Te invito a recibir este perdón en la Confesión, dejando atrás el peso de la culpa. Levántate y camina en libertad.

Leave your comment

Related posts