¿Sabes qué es realmente hermoso? Que Dios no es un ser distante, sino un amor tan profundo que se comparte, se comunica, se entrega. Jesús nos muestra hoy algo increíble: Él y el Padre son uno, se conocen tan íntimamente que quien ve a Jesús, ve al Padre. Es como cuando dos personas se aman tanto que se vuelven casi transparentes, reflejándose mutuamente.
Y lo más impresionante es que Dios nos invita a esta misma comunión. Nosotros, creados a su imagen, estamos llamados a amar así: entregándonos, conociéndonos profundamente, siendo transparentes. No se trata de hacer grandes gestas, sino de permitir que el amor nos transforme y nos una.
Hoy te invito a algo sencillo: busca un momento para sentir la presencia de Dios, no como algo lejano, sino como un abrazo cercano. Pregúntale: ‘¿Qué quieres mostrarme hoy?’





