Published On: 12 de noviembre de 2025281 words1,4 min read

LA GRATITUD ABRE EL CAMINO NO SOLO A LA CURACIÓN, SINO A LA SALVACIÓN ETERNA.

Comentario al Evangelio del 2025-11-12

Miércoles de la Semana XXXII del Tiempo Ordinario

Hoy el Evangelio nos muestra una diferencia crucial que a menudo pasamos por alto. Diez leprosos fueron curados, pero solo uno -el samaritano- recibió algo más: la salvación. Es como cuando en Japón practicamos el kansha, esa gratitud profunda que va más allá del simple ‘arigatou’. Los nueve que no volvieron se quedaron con la curación física, con lo inmediato. Pero el samaritano entendió que la verdadera bendición no estaba solo en sanar su cuerpo, sino en reconocer la mano de Dios en su vida.

En nuestra cultura actual, nos esforzamos tanto por sanar enfermedades, por resolver problemas terrenales… y está bien. Pero ¿qué pasa con nuestra alma? ¿Con esa parte de nosotros que necesita sanación eterna? A veces nos enfocamos tanto en el ikigai -nuestra razón de vivir- terrenal, que olvidamos que nuestro ikigai más profundo está en Dios.

La oración no es solo pedir curación, es también ese diálogo donde reconocemos que Dios tiene la primacía, donde le damos gracias incluso antes de recibir lo que pedimos. Como el samaritano que volvió a dar gloria a Dios, nuestra vida de fe debe estar marcada por esa gratitud que transforma la simple curación en salvación.

Hoy, toma un momento para agradecer no solo por lo que recibes, sino por Quien te lo da. Ese acto de gratitud puede ser el puente entre tu curación temporal y tu salvación eterna.

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