Published On: 1 de diciembre de 2025221 words1,1 min read

EN NUESTRA INDIGNIDAD, DESCUBRIMOS LA GRANDEZA DEL DON DE DIOS.

Comentario al Evangelio del 2025-12-01

Lunes de la I Semana de Adviento

Hoy el Evangelio nos presenta esas palabras tan familiares que decimos en cada misa: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo’. El centurión, un hombre de autoridad, reconoce su pequeñez ante Jesús. Me recuerda mucho al concepto japonés de ‘kansha’ – esa gratitud profunda que nace de reconocer que hemos recibido algo que no merecemos.

En nuestra vida espiritual, a veces podemos caer en la tentación de pensar que ‘merecemos’ la Eucaristía por nuestras buenas obras. Pero el centurión nos enseña lo contrario: es precisamente al reconocer nuestra indignidad cuando descubrimos la verdadera grandeza del don que recibimos. Como en la ceremonia del té japonesa, donde cada gesto expresa respeto y humildad, así debemos acercarnos a la Eucaristía: con el corazón abierto, reconociendo que es puro regalo.

La oración no es simplemente hablar con Dios, sino escuchar primero su voz y responder con confianza, como hizo el centurión. Hoy, antes de recibir a Jesús en la Eucaristía, tomemos un momento para repetir con el corazón esas palabras: ‘Señor, no soy digno… pero una palabra tuya bastará para sanarme’.

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