LA FE QUE TOCA EL MANTO DE JESÚS TRANSFORMA NUESTRAS HERIDAS EN ESPERANZA
Comentario al Evangelio del 2026-02-03
Martes de la 4.ª semana del Tiempo Ordinario
¿Sabes? A veces nos pasa como a esa mujer que sufría hemorragias desde hacía doce años. Había gastado todo su dinero en médicos, y en lugar de mejorar, empeoraba. No solo su cuerpo sangraba, sino también su esperanza. En Japón hay un concepto llamado ‘muda’ – el esfuerzo inútil, aquello que hacemos con gran energía pero sin fruto. Cuántas veces vamos por la vida buscando saciar nuestra sed en charcos que nos hieren más: más trabajo, más reconocimiento, más distracciones… y el vacío sigue ahí. Pero esta mujer hizo algo distinto: escuchó hablar de Jesús y creyó que solo tocando su manto quedaría sana. No necesitó palabras elaboradas, ni rituales complicados. Con una fe sencilla, se acercó y tocó. Y Jesús, que siempre está atento, sintió que la fuerza salía de él. La llamó ‘hija’. La sanó por completo. En la cultura japonesa existe el ‘kintsugi’, el arte de reparar lo roto con oro, haciendo las grietas más bellas. Así actúa Jesús con nuestras heridas: no las esconde, las transforma en testimonios de su amor. La oración no es solo mirarnos a nosotros mismos; es un diálogo donde Dios toma la iniciativa y nos dice ‘hija’, ‘hijo’. Hoy, ¿qué herida llevas escondida? ¿En qué ‘charcos’ sigues buscando alivio? Tómate un momento para acercarte a Jesús con fe sencilla. Cuéntale tu dolor. Él ya te está esperando, listo para decirte: ‘Tu fe te ha salvado. Vete en paz’.




