Evangelio
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: “Me voy y vuelvo a vosotros.” Si me amarais, os alegraríais de que voy al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Y os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo; no es que tenga poder sobre mí, pero para que el mundo sepa que amo al Padre y que obro según el mandamiento que el Padre me ha dado. Levantaos, vámonos de aquí.
Reflexión
Querido lector, en este Martes de Pascua Jesús nos prepara para su partida física, pero nos regala una paz que el mundo no puede dar. No es una paz superficial, sino la certeza de que, aunque se vaya al Padre, permanece con nosotros por el Espíritu Santo. En Japón, donde la cultura valora la armonía (wa) pero también enfrenta la soledad y el estrés, esta paz es un ancla. Jesús nos dice: «No se turbe vuestro corazón». Él no nos abandona; su ausencia aparente es una presencia más profunda. Al ir al Padre, nos abre el camino para que, en cada Eucaristía, en cada oración, lo encontremos vivo. ¿Cómo recibes hoy esa paz? No como la da el mundo, fugaz y condicionada, sino como un don eterno. Levántate y camina, porque Él va contigo.




