Evangelio
Yo soy el pan vivo que bajó del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”
Entonces Jesús les dijo: “En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como el Padre que vive me envió y yo vivo por el Padre, así también el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que baja del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que come este pan vivirá para siempre.»
Reflexión
Hoy celebramos el Corpus Christi, día en que la Iglesia contempla con gratitud el don de la Eucaristía. Jesús, pan vivo bajado del cielo, se nos entrega como alimento para la vida eterna. Este misterio nos invita a adorar su presencia real, que transforma nuestra existencia cotidiana en comunión con Dios.
Jesús afirma: ‘Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida’. No es un símbolo, sino su vida misma que recibimos. Al comulgar, no solo recordamos su sacrificio, sino que nos unimos íntimamente a Él, permaneciendo en su amor. Esta unión nos sostiene en las pruebas y nos da esperanza de resurrección, pues quien come de este pan vivirá para siempre.
En Japón, donde la cultura valora la armonía y el respeto, la Eucaristía puede parecer un misterio lejano. Sin embargo, la entrega total de Jesús resuena con el ideal japonés de auto-donación. Los cristianos japoneses, en un contexto de minoría, encuentran en la Eucaristía la fuerza para vivir su fe con autenticidad y testimoniar el amor de Cristo en medio de una sociedad que busca sentido más allá de lo material.
Hoy, te invito a acercarte a la Eucaristía con fe renovada. Dedica un momento de adoración silenciosa ante el Sagrario, agradeciendo por el don de su Cuerpo y Sangre. Que este encuentro transforme tu día, llevándote a compartir su amor con los demás, especialmente con los más necesitados.



