Evangelio
Nadie puede servir a dos señores, porque odiará a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y a las riquezas.
Por eso les digo: no se inquieten por su vida, qué comerán, ni por su cuerpo, con qué se vestirán. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Miren las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni recogen en graneros, y, sin embargo, su Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?
¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir un solo codo a su estatura?
Y por el vestido, ¿por qué se inquietan? Observen los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;
pero les digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
Así que no se inquieten diciendo: “¿Qué vamos a comer?”, “¿qué vamos a beber?” o “¿con qué nos vamos a vestir?”.
Porque los gentiles buscan todas estas cosas; y bien sabe su Padre que necesitan de todo eso.
Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo eso se les dará por añadidura.
Así que no se inquieten por el mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su propio mal.
Reflexión
Jesús nos confronta con la raíz de nuestras inquietudes: la dualidad entre confiar en Dios o en las riquezas. En una sociedad como la japonesa, donde el trabajo y la seguridad material a menudo se convierten en ídolos, este Evangelio resuena con fuerza. La advertencia de no servir a dos señores nos llama a examinar nuestras prioridades: ¿estamos realmente buscando el Reino de Dios, o dejamos que el afán por el mañana nos domine? La cultura japonesa valora la diligencia y la previsión, pero Jesús nos invita a una confianza radical, como los lirios del campo que no trabajan ni hilan. La paz que el Papa León vincula a la justicia es fruto de poner a Dios primero. Esta confianza no es pasividad, sino una entrega activa a la Providencia. En Japón, donde la incertidumbre laboral y los desastres naturales generan ansiedad, el reto es vivir el presente con la certeza de que el Padre viste y alimenta. Así, cada día nos ofrece la oportunidad de elegir: servir a Dios o a las riquezas. La acción concreta es dedicar los primeros momentos del día a la oración y a la lectura de la Palabra, antes de sumergirnos en las preocupaciones. Al buscar primero el Reino, descubrimos que todo lo demás se nos da por añadidura, y la paz que sobrepasa todo entendimiento habita en nuestros corazones.





