Published On: 3 de julio de 2026332 words1,7 min read

Evangelio

Entonces se le acercaron los discípulos de Juan diciendo: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden estar de luto los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les será arrebatado el esposo, y entonces ayunarán. Nadie pone un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo, porque el remiendo tira del vestido y se hace peor la rotura. Ni se echa vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, los odres revienten, el vino se derrame y los odres se pierdan. El vino nuevo se echa en odres nuevos, y así ambos se conservan».

Reflexión

Hoy celebramos a Santa Isabel de Portugal, modelo de caridad y desprendimiento. El Evangelio nos habla del ayuno, pero Jesús lo sitúa en su verdadero contexto: no es fin, sino medio para intensificar la comunión con Dios, el Esposo. Mientras Él está presente, es tiempo de fiesta; cuando se ausenta, el ayuno expresa el deseo de su retorno. Esta práctica ascética fortalece la voluntad y nos hace más lúcidos ante la tentación, pero su raíz es el amor que busca la unión con Cristo. Jesús añade la parábola de los odres: el vino nuevo del Reino requiere corazones nuevos, renovados por la gracia. No podemos encerrar la novedad del Evangelio en estructuras viejas de mera observancia exterior. En Japón, donde la disciplina y el silencio son valorados (como en el ayuno zen o la purificación sintoísta), el cristiano puede redescubrir el ayuno como anhelo del Esposo ausente. No se trata de un simple sacrificio, sino de crear espacio para que Dios llene nuestra vida. Esta semana, elige un pequeño ayuno (redes sociales, un capricho) y ofrécelo por la unidad de la Iglesia en el mundo, especialmente en tierras de misión como Japón.

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